miércoles, 22 de agosto de 2007

Las ficciones sociales y la lucha armada


La vida se separa entre lo natural y lo ficticio. Lo natural es lo que eres al nacer: tus cualidades y tus defectos. Todo lo demás es adquirido. Pero no todo lo adquirido es malo, ni bueno. Separar y juzgar es una costumbre cristiana de la que no podemos deshacernos.

Pero el caso es que todo lo adquirido es ficción. La moral, la familia, las costumbres, las normas, las tradiciones, los protocolos, los estados, las sociedades, las tribus, los lenguajes…Muchos de estos elementos son instituciones como la herencia, el principal mecanismo de perpetuar las desigualdades sociales junto a otra institución erigida en el rango de derecho humano, la propiedad privada. La existencia de algunas de estas ficciones sociales generan injusticia. La injusticia genera malestar, a mí al menos, y el malestar desequilibra negativamente al yo, es decir me hace infeliz. Todas las sociedades existentes, reales, tienen instituciones y por tanto tienen fuentes de infelicidad. Luchar contra una institución para poner otra en su lugar lo considero un gesto absurdo. Todos aquellos que luchan por derrocar una institución como el estado español para poner otra institución como puede ser el estado vasco, estado catalán, gallego o cualquiera luchan simplemente por cambiarle el adjetivo a una institución que hace que se mantengan las demás, que es el estado. Aunque se acabe creando un estado socialista seguirá siendo un estado al que los individuos han de someterse y ningún estado merece para mí el sometimiento de ningún individuo/a.

De forma activa es muy difícil ir contra esta ficción social que es el estado. Muchas otras ficciones sociales lo protegen: la moral, la opinión pública y sobretodo los cuerpos represivos. Estos se valen del peor de los instrumentos creados por la humanidad, las armas, instrumentos cuya única función es la de matar. Son instrumentos especializados que sirven únicamente para eso, un cuchillo puede tener más usos, pero un bazoka no y una metralleta tampoco. El estado da armas a aquellos que van a protegerlo a él y al resto de instituciones que permiten perpetuar la injusticia. El poder militar de los estados es mayor cuanto más compleja es la sociedad que vive en él. Por supuesto la primera función de esta institución, la militar, es tener controlados a la propia población y en medida de lo posible controlar la de otros estados en colaboración con las élites de otros estados. Es por ello que en una sociedad como la nuestra recurrir a la lucha armada es un camino equivocado porqué el potencial militar de los estados es hoy en día invencible. Además acabar con la vida de aquellos que utilizan las instituciones para su propio beneficio que tiene como subproducto la generación de injusticia, sirve únicamente como venganza porque la persona puede reemplazarse y lo que hacer pervivir la injusticia es la supervivencia de la institución y con ella hoy en día no se consigue eliminarla a tiros. Es una buena explicación que leí en un libro de Fernando Passoa titulado el banquero anarquista. En el libro el banquero se deshacía del sometimiento de una de las instituciones como es el dinero haciéndose rico, de esta forma el dinero no podía limitar su existencia. Respecto a las otras instituciones no decía nada y aún así la ética del banquero era asquerosa pues para hacerse rico sus acciones generaban injusticia. Se defendía diciendo que no creaba nuevas formas de injusticia sino que utilizaba las existentes, mientras que los anarquistas que recurren a la organización crean nuevas formas de injusticia por el hecho de organizarse en grupos y someter su voluntad a la decisión que se tomaba en común. A mis ojos el banquero no era un anarquista sino un individualista asocial radical.

Elimina la opción de la violencia porqué te aplastaran. Se puede pensar que es una acción cobarde, pero piensa en la sociedad en la que vives: consumo y individualismo, donde las únicas acciones de masa es ir a celebrar el título de tu equipo y pasear en manifestaciones de broma. Todo el mundo pone su culo primero y el de unos pocos a los que aprecia, el pensamiento altruista no va más allá de tus nietas, y los biólogos dicen que esta forma de pensar es herencia de la época paleolítica. En este punto por tanto seguimos en el paleolítico a diferencia de que en el paleolítico no habían estados y había muchas menos instituciones, cuya supervivencia si que iba ligada a la supervivencia de una persona. Una persona era una institución en sí. Podía ser el jefe del clan y si matabas al jefe del clan el grupo podía funcionar sin jefes, hoy en día hay infinitud de jefes y subjefes. Recurrir a la lucha armada puede ser contemplada como una estrategia cuyo origen está también en la época paleolítica, cuando sí era útil para conseguir cambios profundos en el funcionamiento de la sociedad. Hoy en día como ya he dicho solo los militares pueden hacer cambios y estos consisten en cambiar el régimen de un estado, para poner otro, quizás más represivo aún o menos tanto da, porque el peor enemigo del individuo/a es el estado, cualquiera que sea.

Si no se pudo en el 1936 cuando la CNT y la FAI eran las principales organizaciones del país, organizaciones revolucionarias y armadas, ahora se me plantea imposible, cuando no existen más que pequeños grupos totalmente asfixiados y vigilados. La ética y mentalidad de esas organizaciones, que no fue homogénea entre sus miembros ni entre las distintas federaciones, ha sido eliminada y esa ha sido la peor de las consecuencias para la humanidad y para la vida en general. Esa ha sido la historia de la segunda mitad del siglo XX. Dictaduras y estados del bienestar han acabado con esa mentalidad fanáticamente altruista. Las dictaduras aplastándola y los estados del bienestar aplastando a las más reacias a someterse y comprando mediante reformas más o menos progresistas a las más conformistas. Poco a poco esa mentalidad más evolucionada se ha substituido por un retorno a la más primitiva, la paleolítica, pero aumentada porque ya sólo importa nosotros mismos y aquellos que llamamos buenas personas son los que hacen algo por los demás, lo cual nos llama la atención y es cada vez una conducta más extraña. Pero ayudar a los demás está también dirigido y controlado por los que dominan las instituciones sociales, ayudar se ha convertido en una nueva institución social como son las ONG’s, cada vez más poderosas y jerarquizadas, totalmente controladas por los estados. Las ONG’s nunca han tenido pretensión de acabar con los estados, quién está en alguna de ellas no debe ser considerado un revolucionario. Kropotkin en La conquista del pan hace referencia a las que podemos considerar antecedentes de las ONG’s como eran las organizaciones de socorristas ocupadas en rescatar a los barcos que naufragaban cerca de la costa y que muchas veces dejaban su vida en los intentos de rescate. Las ONG’s tienen un objetivo parcial y por tanto no revolucionario, sino reformista. El objetivo de un revolucionario es total, es cambiar no reformar. Sin embargo la ética de un miembro de ONG puede ser la revolucionaria/altruista fanática, pero ante la imposibilidad de llevarla a la práctica, debe conformarse con una práctica reformista. Si las ONG’s acaban molestando demasiado, también podrán ser consideradas terroristas y por tanto perseguidas. Mientras repartan panfletos, hagan informes y pregonen la paz, no habrá problema para su supervivencia, pero la capacidad de estas acciones para cambiar algo es irrisoria, solo tiene potencial para cambiar a aquellas personas con predisposición altruista.

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