lunes, 13 de agosto de 2007

La existencia en el siglo XXI: un solo camino

La existencia en el siglo XXI: un solo camino


Debería decir la existencia en el siglo XXI en occidente, pero los títulos nunca son precisos del todo. En occidente me refiero a países capitalistas con la suficiente clase media para que en verano pueda ir a hacer turismo por otros países, capitalistas o no, y encerrarse en hoteles o tostarse en la playa, con una jornada laboral de unas 40 horas, un buen número de funcionarios, un buen número de empresas deslocalizándose, un número cada vez mayor de gente viviendo en la pobreza y publicidad por todas partes. Este es el marco.

En este marco es una tontería hacer proyectos porque todos llevan a un mismo camino des más o menos vueltas: acumula dinero y gástalo en lo que te de la gana. Acumular y gastar nada más que eso. Acumula como quieras y gasta como quieras. Hay varios mecanismos para acumular los cuales dependen de tus opciones y de tu moral: 1) si vives en el seno de una familia rica la forma de acumular la tienes asegurada gracias a la institución de la herencia. Gracias a la herencia recibirás propiedades, empresas o participaciones en empresas. Mediante ellas podrás evitar recurrir a otros métodos de acumular menos deseables. 2) elige la opción de aprovechar un cargo público para obtener un beneficio privado más allá de tu sueldo, recurre a chantajes, corrupciones, extorsiones, etc. 3) trabaja unas horas a la semana normalmente haciendo algo que no te gusta. Esta opción es la más recurrente ya sea por: imposibilidad de acceder a las otras o tener la suficiente ética para rechazar esas opciones; por creer la tontería de que el trabajo dignifica lo cual es un absurdo en un mundo capitalista donde el trabajo es solo un medio para acumular. 4) coge lo que no es tuyo vulnerando el sacro derecho humano a la propiedad privada. Es arriesgada está última. Cuentas con un desprecio público mucho mayor que las opciones 1 y 2, pese a que las cantidades en las que se acumula en las dos primeras opciones son mucho mayores que esta última en la que además se corre mucho mayor riesgo.

La única forma lícita de acumular sería trabajando y así poder decir me lo he ganado con el sudor de mi frente. Los de las opciones 1 y 2 se lo ganan con el sudor de la frente de otros y los de la 4 se lo ganan como pueden. Los que más acumulan son los de las dos primeras opciones, forman una clase, con grandes propiedades, grandes empresas de las que son dueños o se venden parte y compran otras de continuo, etc. Los que trabajan forman otra clase, son los mayoritarios en occidente, los que miran la televisión unas 6 horas al día, trabajan unas 40 horas a la semana, tienen uno o más de un coche, un piso de propiedad y una o varias hipotecas. Por último quedan los que renuncian a trabajar y no pueden optar a acumular por las vías 1 y 2. Forman otra clase, sin posibilidades ni futuro.

De estas la más cohesionada es la formada por los miembros de los grupos 1 y 2. Son los únicos que están unidos. Los une su interés de acumular, la ley del beneficio. Su supuesta competencia es falsa. Se ayudan mutuamente, se protegen y mantienen un círculo cerrado imposible de entrar. Los del grupo 3 hace años que no están unidos, se articulan en torno a una institución nuclear de padres e hijos, no ya familias, sino unidades más pequeñas con muchos menos parientes. Los miembros del grupo 4 la mayoría tampoco están unidos, son los más individuales en general. Las tres clases formamos la sociedad donde los únicos unidos en cuanto a sus intereses son los miembros de los grupos 1 y 2. Su unión les permite perpetuar su hegemonía y sus privilegios. Son los que deciden el funcionamiento de la sociedad y sólo permiten al resto elegir entre lo que ellos previamente han considerado mejor para sus beneficios. Nuestras posibilidades de elección son por tanto limitadas. Nos permiten acumular pero poquito, mucho menos que ellos y así nuestras opciones de elección son mucho más limitadas y con menor margen de error.

Aunque sea poco, podemos acumular y así gastar, cumpliendo así el único camino que nos han diseñado: acumula y gasta. Desde que eres pequeña te introducen en el camino: “esto es tuyo, pero debes compartirlo, pero es tuyo lo dejas si quieres”, es una de las frases que podéis oír decirles a vuestras sobrinas y primas por parte de vuestros tíos y tías. Desde bien pequeño te enseñan a darle una importancia divina al dinero, os abren una cuenta y os ponen algo de dinero y te lo dan como el santo grial, son los primeros pasos de sacralización del dinero. Ahorra, acumula y podrás comprar porciones de felicidad en forma de productos mercantiles. Cuanto más tengas, más y mejores productos, más y mejor felicidad. Ya estás dentro del camino y ya no sales de el. De pequeño querías un coche, una muñeca, un balón por el simple hecho de tenerlo a veces sin llegar a jugar pero la publicidad lo hacía tan apetecible… De adolescente necesitas otras cosas para divertirte y para empezar a confeccionar tu personalidad a base de productos y marcas, para ser tu mismo un conjunto de marcas que deambula por el mundo intentando ser tan apetecible como un anuncio. Es cuando empieza a cobrar importancia la ropa, los perfumes, el tabaco y las primeras drogas. Ya eres joven, ya tienes una personalidad hecha a partir de marcas de ropa, tecnología punta y consolidas una tribu de relaciones para drogarte, sexo y seguir consumiendo. Sin darte cuenta te vas pareciendo cada vez más a los de tu tribu: misma ropa, misma jerga, mismos móviles, mismo coche, moto, tele, mismas bromas, misma moral que no es nuestra sino una reproducción de la oficial con pequeños matices… mismo ocio. Casi casi eres una oveja más, un producto estándar fruto del único camino en el que desde pequeño te han introducido. Lo mejor que te puede pasar en ese momento es que te alienes de una forma u otra: hazte rico renunciando a toda moral y vive del lujo continuamente sin pensar en el estilo de vida que llevas; drógate hasta que no te quede una neurona ni un centímetro de cortex con vida; encuentra una pareja o varias a la vez y gastaros el sueldo del mes en condones, apagar la tele y no descolguéis el móvil; trabaja 12 horas al día o lee todos los libros de literatura de ficción que se publiquen, no leas ensayos ni la prensa si no quieres ser consciente de la mierda de mundo en el que vives; haz como thoreau y vete a vivir a una cabaña en el medio del bosque, sino tienes cabaña puedes hacerte forestal; juega al ordenador o a la play station durante horas y días sin salir de la habitación como los niños japoneses; es decir toma un hobby cualquiera y conviértelo en una adicción.

Son las opciones que los de la primera clase te deja elegir. Si intentas tomar otro camino, cambiar el que hay, fracasas: por la vía pacífica a ningún lado vas, por otras vías los de la primera clase cuentan con cuerpos represivos y cárceles para que ni siquiera te atrevas a intentar nada. Eso si los de la primera clase te dejan colaborar apadrinando niños y comprando cupones, para hacer un mundo mejor y de paso limpia la conciencia. Me gustaría poder ser como los de la clase alta pero para eso debería ser un ser sin ética ni moral, lamentablemente para mi hedonismo la tengo.

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